viernes, 28 de noviembre de 2008

50 días


 

Resulta que estoy a 50 días de unirme en sagrado matrimonio con mi amada novia. 50 días. Una eternidad y una brevedad al mismo tiempo. Con contradictorios sentimientos respecto al transcurrir del tiempo. De a ratos, deseando despertar y que ya sea 17 de enero, y estar ahí, junto a ella, agarraditos de la mano, en frente de nuestro Señor con la Madre como testigo amoroso e intercesor. Pero también, con ganas de que los días pasen un poquito más lentos y uno pueda saborear cada minuto de estos días, disfrutar –sí, digo bien, difrutar-, las correrías, los arreglos, el stress pre nupcial, esa ansiosa inquietud que se produce en uno conforme se acerca ‘el día’. Solamente una vez amé en la vida dice una canción, pues solamente una vez pretendo casarme, así que a medida que pasan los días es paradójico, pero siento cierta nostalgia por los días que van pasando de ese proceso tan especial que se da entre que entregas el anillo, y te casas. Sin embargo la nostalgia hace un contrapeso singular con las ganas enormes de casarme, y de poder estar ya juntitos para siempre, mi amada mujer y yo.

Cuando miro para atrás sonrió preguntándome donde quedó aquella ‘roca’ inexpugnable que se jactaba a voz en cuello de ser impermeable al amor y a las relaciones de pareja; donde quedaron mis frases de cabecera que repetía como latiguillo ante cualquier circunstancia: ‘por eso no me caso’, ‘por eso no tengo novia’; repetidas como si fueran letanías, las había hecho creer en la gente, pero lo mejor –o lo peor- del caso era que yo mismo me la había creído.

Y ahora nada. De roca solamente tengo el nombre, y de impermeable solamente el abrigo que compre para guarecerme del frio en nuestros próximos viajes. Incluso hasta mi reconocida fama de “Grinch” anti navideño ha quedado en seria duda, ante mis nuevas manifestaciones de bienvenida a las fiestas de fin de año. Bue, es cierto... la nostalgia y particular sensación de ‘no se qué’ que me produce la Navidad, no se va a ausentar de mí de la noche a la mañana, pero, estando a punto de unirme con una mujer que ama y disfruta con pasión cada momento de la Navidad, no puedo sino irme acostumbrando a añorar menos y a celebrar más.

Los 50 días antes de “Normandía” me toman también a la expectativa de poder reencontrarme con afectos míos de quienes me separa la distancia, pero me une de forma indestructible un aprecio y un cariño que dura “por todas las edades” como dice el Salmo. Esa posibilidad de abrazar, besar, conversar, compartir y ser anfitrión de ellos, me origina una sensación de alegría, que unida a la expectativa me tienen lleno de ganas que lleguen ‘ya’, de una buena vez. Por lo pronto, mi madre cual soldado líder del pelotón de avanzada, llega pronto y tenerla a mi lado será más que especial.

No voy a negar que en el proceso no son pocas las veces que pienso en mi adorada abuelita. Sé, por fe, que ella lo ve y lo disfruta desde arriba, bien acompañada de El que todo lo puede. Pero no voy a negar que me hubiera encantado que ella compartiera físicamente el momento conmigo. Pienso a veces lo bien que le hubiera caído mi novia y viceversa, y lo divertido que hubiera sido tenerla ‘metiendo la cuchara’ en los preparativos. No está, pero está. Porque su presencia en mi vida es permanente y mi recuerdo hacia ella no tiene descanso. Siempre presente y siempre amada.

Son momentos especiales ciertamente. No los había vivido antes y no volverán a pasar, así que corresponde disfrutarlos y eso trato. Mañana serán un grato recuerdo que uno no se cansará de contar cuantas veces se lo pidan. Mientras tanto, es un hermoso presente regalado por Dios, en donde comienzo a ver como mi ruta arriba a un cruce de caminos en donde se une con otro, hermoso, único e incomparable él (bueno, ella), para hacerse uno solo de allí en más. Un camino a recorrer juntos y para siempre.

50 días... y yo aquí... parado entre la eternidad y la brevedad, sostenido en el amor...

(Foto disponible en www.gettyimages.com)

Taxi Silence


*Las historias de taxi están bastante lejos de la insoportable pseudo poesía del insoportable Arjona. Eso sí, no dejan de ser ricas en contenido independientemente que algunas veces resulten simpáticas y otras veces relatos cercanos a cuentos de terror. Al abrir esta etiqueta planeo de cuando en cuando escribir algunas experiencias que me puedan acontecer en los taxis, en este caso, en la capital dominicana, Santo Domingo de Guzmán. Obviamente, como siempre la aclaración que el porcentaje de realidad y de creación dentro del relato, queda al libre albedrío del escritor. En cuanto al porqué tomo taxis de cuando en cuando queda explicado en la primera entrada de esta sección.

 

Tengo cita con el dentista al mediodía. Voy al dentista los sábados pero esta semana no hubo remedio así que opté por sacrificar la hora de almuerzo en aras de la salud bucal. Antes de llamar el ascensor, llamo a la compañía de taxis para que me envíe “una unidad” en el término de la distancia. Hay que pedirlo “confortable y con aire” para que se dignen enviarte una unidad más o menos decente, y sobre todo, para no soasarme de calor dentro del vehículo en medio del caluroso mediodía caribeño. El operador me confirma la “noventa sie-te-cua-tro, noventa siete –cua-tro, rojo, rojo, tres minutos tres minutos”. Yo ya sé que esos tres minutos usualmente se multiplican por cuando menos 3 y que las unidades suelen llegar a los diez minutos salvo honrosas y contadas excepciones.

¿Por qué pido un taxi teniendo mi auto? Por razones de costo-beneficio. El dentista queda lo suficientemente lejos como para que el tramo no baje de veinte minutos en el mejor de los casos y al mediodía el calor es el menor de los males. El tráfico capitaleño se torna (más) insoportable y por encima de ahorrar o no combustible, el verdadero ahorro lo tengo en reducción de stress, bilis, malas palabras, que son las que me fluyen como a la flor de la canela ante las tropelías que se cometen en las calles de esta ciudad, cada vez más llena de autos y menos provista de alternativas de desahogo a los descomunales “tapones” que se forman por doquier. Así que el costo es no ir en mi auto y tener que llamar un taxi de ida y de vuelta, pero el beneficio está en la salud mental que conservo sentado en el asiento de atrás curioseando las funcionalidades de mi celular.

Aunque a veces el costo sube un poquito...

El taxi llega con puntualidad inusual antes de los cinco minutos. Me subo concentrado en mis cosas y sin ganas de tener mayor conversación con el taxista. Guardo la secreta esperanza que tenga prendida la radio para escuchar a Trespatines en la Tremenda Corte, que todos los días a las 12.00 divierte por las ondas de una de las radios más populares de la ciudad. Pero la única radio prendida es la que mantiene comunicadas las unidades con el operador, así que no pierdo tiempo en averiguar si la radio funciona, sino que me meto en el internet a ver algo de noticias de Perú.

 

Dije que no tenia ganas de conversar, pero no dije que por el contrario, el taxista tenía una idea bastante distinta a la mía. Me imagino que al no tener una radio que lo distraiga, el pobre hombre debe tener como tabla de salvación (o de conversación) a los clientes que vaya recogiendo; de haber sabido el que le iba a tocar creo que él hubiera preferido seguir dando vueltas...

No sirvió ni siquiera poner mi mejor onda caracúlica. Ni bien arrancó comenzó... ¿Esta usted trabajando temporalmente por acá?... ¿Eh? (cara de no me preguntas más). No, no, puf, yo trabajo aquí hace tiempo, hace tiempo (vuelta a mirar el celular a ver si entiende la indirecta)... ah, osea que ya tiene tiempo trabajando acá... ¿Eh?, sí, sí... (al menos no me preguntó si era ecuatoriano, mexicano, centroamericano o lo que sea con lo que los taxistas intentan adivinar mi nacionalidad sin acertar salvo que sea un taxista que tiene algún amigo o conocido peruano y entonces cuando le acierta dice con singular gracia “le reconocí de inmediato el acento”...)

Creo tontamente haber acabado con las fuerzas conversadoras del taxista cuando ahí nomás vuelve al ataque... ¿este tráfico si que está insoportable eh, ah, no? ... ¿Eh?, seee, seee, insoportable insoportable... ahí mismo nomás llamo a alguien para hablar por teléfono un rato y ver si así el don capta el mensaje. Cuelgo rápido y ante la incomodidad del silencio próximo a romperse, opto por cerrar los ojos y adoptar una actitud de relajación, a ver si el buen hombre deja descansar...

A esta hora cualquier ruta para llegar donde vamos está complicada eh, por cualquier lado se complica y se demora, como sea hay que pasar por la 27*, y luego cualquier callecita esta llena de policías acostados*, una vaina ¿eh, ah no? ... (sí es una vaina) ajá... eso es lo único que suelto junto a una mirada de reojo al retrovisor desconfiando del taxista. ¿Me está diciendo eso solo para conversar o porque me está anestesiando la tarifa que me va a cobrar al llegar a destino?

¿Vio? ¿vio? (que carajo voy a ver si tengo los ojos cerrados jetón) esta ruta que tomé fue más rápida...y déjeme coger este carril para doblar, que si cojo el otro (léase, el que realmente debería tomar) no vamos a doblar nunca... uepa! Ahí están las de tránsito llenándose los bolsillos con la multas, me voy a poner ésta vaina (la vaina es el cinturón y yo no me había percatado que el tipo no lo llevaba puesto)... ya está me lo voy a quitar, a no me gusta estar usando esta vaina, no me gusta andar ajustado, jeje, voltea el hombre tratando de ser simpático y buscando que yo me solidarice con su imprudencia. A mal árbol se arrima. Levanto la mirada por cuchucientava vez y con la mejor mala onda del mundo trato de apegarme a las reglas de tránsito... a mi me parece que usted debería usarlo... señor... la sonrisa desaparece de la faz del taxista y por fin logro un silencio que apreciaré hasta el final del camino, cuando por toda venganza por mi nula solidaridad, hizo lo que supuse desde que soltó aquel comentario de la distancia: cobrarme diez pesos más de lo normal...

Y bueno... si pagando esos diez pesos adicionales podía por fin tener algo de silencio, entonces valía la pena pagarlos y los pagué... total, me dije, en el dentista tengo que tener la boca abierta y si el doctor se pone a conversar tengo la excusa perfecta para no contestar... doctor, no le puedo contestar, ¡porque usted me está atendiendo!

(Foto disponible en www.freefoto.com)

jueves, 22 de mayo de 2008

Homesick


El sol ilumina de manera inclemente el cielo caribeño. Pero mis nubarrones auto concebidos forjan mi oscuridad. Gris. Opaco. Nuboso. No hay presente, ni futuro, y el pasado es un hermoso recuerdo que al volcarse a mi memoria se convierte en dolorosa nostalgia. Y recuerdo. Y sonrío. Y sufro. Y lloro. Y reviento en bronca interminable. Con mi nostalgia y conmigo mismo. Negado a reanudar el desandar de mi actualidad. Negado a crear las bases de mi mañana. Estacionado en nostalgia. Dolorosa nostalgia. Ridícula nostalgia. Tiempos pasados que fueron mejores. Tiempos presentes mejores que los futuros, Tiempos futuros que no tengo ignota idea si acaso llegarán. Nostalgia. Insoportable nostalgia. Vuelvo mis pensamientos a tí. Y entonces empiezo a extrañar aquellos tiempos cuando no te extrañaba. Nostalgia. Maldita, bendita, inseparable nostalgia.

Foto disponible en freefoto.com

El Blogger Pródigo ataca de nuevo

No estaba muerto, andaba de parranda (Chespirito dixit). La musa un día se desapareció y no dejó rastro. Al principio ni la busque pensando que volvería pronto y cuando me dí cuenta se había pedido de tal forma que cuando me puse a buscarla nunca la pude encontrar. De hecho, ahora mismo sigue perdida, pero he decidido volver a escribir, a ver si un día se da una vuelta por acá, ve que todavía vivo, y se anima a hacer las paces conmigo.
Mientras tanto intentaré escribir, sin rumbo ni musa. Pero trataré de hacerlo. Aunque no me lea ni la musa ni mis queridos bloggers que tanto me consideraban con sus comentarios y que bien pueden obviar el regreso de este blogger pródigo. Bien merecido me lo tendré.
Saludos pues, a todos (o a nadie, eso pronto lo sabré).

lunes, 17 de septiembre de 2007

El Hijo Pródigo


La parábola del Hijo Pródigo (Lucas, 15, 11-32) es sin duda alguna uno de mis pasajes favoritos de la Biblia. En mi condición de católico que intenta serlo de obra y no sólo de palabra, he leído dicho texto en más de una oportunidad. Y ciertamente, mientras más lo leo, más me seduce el mensaje del mismo.

No soy muy original en lo de dejarme seducir por el mismo. Henri Nouwen, un sacerdote holandés de profunda espiritualidad, nos dejó un hermoso libro que recomiendo a quien esté interesado, llamado "El Regreso del Hijo Pródigo", un hermoso y profundo análisis de la parábola. No es que sea el único libro sobre el tema, y a lo mejor alguien más ilustrado en la materia concluye que tampoco sea el más completo, pero es un texto imperdible, aún para quienes no profesan religión alguna.

Y es que Nouwen, parte su análisis, no desde el texto mismo de la parábola, sino de la creación artística de uno de los grandes pintores de todos los tiempos, que tampoco pudo evadir el particular encanto del pasaje bíblico, otro holandés: Rembrandt; éste dibujó, en 1662, casi en el ocaso de su vida, una obra del mismo nombre de profundo contenido en cada una de sus imágenes.

No era la primera vez que el pintor holandés dedicaba su obra al Hijo Pródigo. Ya en 1635 dibujó a dicho personaje en una taberna. Pero, la particularidad de la segunda obra es que la misma se concibe precisamente cuando la vida de Rembrandt ha sufrido los embates de una serie de tragedias, y también en medio del descalabro económico dentro del cual concluyo su existencia. Nouwen parte de ese punto para elaborar un emotivo y sentido análisis de la pintura, la cual tuvo la suerte de contemplar en San Petersburgo. Y luego a partir de la obra, se introduce en el análisis de la parábola y sus distintos personajes.

La parábola es hermosa aún si la circunscribimos al aspecto netamente literario, pero obviamente se enriquece de manera indescriptible al descubrir tras la misma el mensaje que Jesús nos deja a quienes creemos en El. De forma fascinante, cada lectura permite descubrir detalles que uno no había tenido en cuenta en la lectura anterior. Y dentro de los mismos, particularmente me emociona el descubrimiento que Jesús nos hace del Padre. Desmitificando prejuicios con respecto a un Padre castigador, intratable y tenebroso, deja al descubierto a un Padre poderoso en su amor y dentro de ese amor en la impresionante misericordia que guarda para con sus hijos. Con el que regresa luego de haberle faltado como el pródigo, y con el que se ha quedado ciego a su amor, sin ver que todo lo del Padre es suyo. Conmueve ver a ese Padre, a la espera de sus hijos y saliendo a buscarlos antes que ellos lleguen al hogar ("Mientras el arrepentimiento anda a su lento paso, la misericordia corre, vuela, precipita las etapas, anticipa el perdón, manda delante, como un heraldo, la alegría" Cabodevilla). Así, el relato dice que el Padre al ver a su hijo a lo lejos "...lo vio y sintió compasión; corrió a echarse a su cuello y lo besó. ..." ¡Cuánto amor!

Definitivamente es un Padre pródigo en amor, en misericordia, en bondad. Un amor que fluye de forma indubitable e interminable para todos los que se dejen bañar por El.

Charles Peguy, el poeta y escritor francés que murió peleando en Marne en la I Guerra Mundial, dejo unos versos hermosos que no tienen pierde, sobre la parábola del Hijo Pródigo en su libro Les Mysteres, con el cual concluyo este breve comentario, el cual no tuvo ninguna intención que no sea el compartir simplemente la emoción y alegría que me produce el escuchar y leer este pasaje:

"Había una gran procesión y en cabeza iban las tres parábolas:
la parábola de la oveja perdida,
la parábola de la dracma perdida,
la parábola del hijo perdido.
Pero lo mismo que un hijo es más querido que una oveja
e infinitamente más querido que una moneda,
así la tercera parábola, la del hijo perdido,
es más bella y querida y más grande que las otras parábolas...
Entre todas, entre las tres, la tercera parábola avanza...
Desde hace dos mil años ha hecho llorar a innumerables hombres...
Ha tocado un punto único, secreto, misterioso.
Ha tocado en el corazón.
Es la palabra de Jesús que ha llegado más lejos,
la que ha tenido más fortuna temporal y eterna.
Es célebre incluso los impíos.
Quizás es la única palabra que permanece clavada en el corazón del impío
como un clavo de ternura".

(Imagen: El Regreso del Hijo Pródigo - Rembrandt, 1662)

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Hace quince años


Sábado 12 de Septiembre. 1992. Luego de compartir un momento con los amigos y compañeros de la universidad, cerrando con su respectivo pollito a la brasa con papas fritas en la Av. Primavera, vuelvo a casa. En Lima va cayendo la noche acompañada del agradable vientecillo que anuncia la paulatina despedida del otoño y la inminente llegada de la estación del amor y la alegría: la primavera. Epoca en la que el cielo limeño del eterno color gris panza de burro se deja acariciar por el azul celeste de los cielos donde el sol gobierna en todo su esplendor y en consecuencia los atardeceres se hacen hermosos, especialmente si uno tiene la posibilidad de verlos desde el malecón, donde el sol se refleja en unión imperdible con el Océano Pacífico.

Luego de un duchazo, me planto frente al televisor. La tv por cable es algo aún desconocido por la mayoría de peruanos, y en consecuencia hay que arreglárselas con la programación local. Lo más rescatable: una pelea de box. Macho Camacho defiende su corona y el reto promete estar interesante. De repente, a mitad de la pelea, una interrupción. "Flash de último minuto". Ufa, pensé, y ahora donde fue el atentado o a quien habrán matado. Después de todo los flashes aquellos nunca traían buenas noticias. Al menos no desde hace larguísimos doce años.

Pero esa noche sí. Aunque la noticia era demasiado buena para creerla. "Cayo Abimael Guzmán". Incredulidad, escepticismo. Nahhh, es demasiado bello para ser cierto. Pero hoy no es día de los inocentes, como puede ser que ... "Más detalles en breve". ¿Será verdad? La pelea continúa pero apenas si le presto atención. Sólo miro una y otra vez el pequeño cintillo que corre debajo de la pantalla una y otra vez con la noticia "Fue apresado el cabecilla de la banda terrorista Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, hoy en Surquillo. Más detalles en breve". Una y otra vez...

Los pensamientos vuelven entonces la mirada atrás. De un modo muy rápido y violento. Como fue toda esa década previa. Violenta. Y se recuerda aquellos inicios de los 80's donde a lo lejos llegaban las noticias de pequeño brotes de violencia 'de campesinos', allá a lo lejos, en Ayacucho. Imposible olvidar la matanza de 8 periodistas en Ucchuraccay, en enero del 83. Imposible para mí, porque cuando ví aquellas escenas impropias para un niño, me descubrí teniendo pesadillas toda la bendita noche viendo una y otra vez los cuerpos maltradados de aquellos hombres. Sin darse cuenta, el inicio del proceso de volverse insensible. Del espanto de aquellas primeras planas que hablaban y mostraban muertos por atentados terroristas, a la inadmisible pero inevitable realidad de verlo como una costumbre en el medio de comunicación que fuera. Pasar a formar parte de la generación que creció en medio del terror. Entre bombas y apagones, entre torres dinamitadas y hoz y martillo brillando en la loma de los cerros que rodean la capital, entre crisis e ineficacia para hacer algo.
El recuerdo lleva a ver como poco a poco aquellos atentados, aquella sangre, aquella violenta, se acercó de forma inexorable a la capital. Y entonces sí, finales de los ochenta, los limeños empezamos a sentir en carne propia lo que nuestros compatriotas de la sierra venían sufriendo desde hace muchos años. Y entonces, el terror, el miedo. Y pum, el salvaje atentado al Canal 2. Y entonces el desconcierto, la inseguridad en grado pleno. Y re pum, el brutal atentado de la calle Tarata, en el mismísimo centro de una de las zonas más visitadas de Lima que remeció los cimientos de mi casa, cercana a la zona, que destruyó los sueños de muchas personas que murieron aquel 16 de julio del 92, que nos sumió en la más terrible sensación de abandono, con la paranoia al máximo, sin saber si el auto junto al cual cruzábamos o el paquete de basura a las afueras de la casa de al lado, eran en realidad artefactos que traían consigo muerte y destrucción.

Tantos recuerdos... imposible meterlos todos en tan pocas líneas...tanto dolor... por eso resultaba imposible creer que de repente la luz se abría en medio de la oscuridad, el caos y el terror.

Pero era verdad. Guzmán había caído. Y aquel 12 de septiembre fue el inicio del fin para él. Y fue un día de recogijo. No sé si de fiesta pero sí de alivio. Recuerdo al día siguiente las banderas peruanas flameando en los techos de las casas, como si fuera un 28 de Julio. Recuerdo los comentarios de la gente. Recuerdo que ese domingo 13 fue especial, como nunca y después de mucho tiempo la gente sonreía a mandíbula batiente. Sí, era alegría y si no lo era, pues era alivio.
Ya después el Perú volvería a enfrentarse a sus cuitas. Otra vez se sentaría cual mendigo en un banco de oro como lo retrató Raimondi. Los problemas de cada día seguirían igual. Con sus (des) gobenantes y políticos que hacen de la política un enredo del cual los griegos estarían avergonzados. Hasta con rebrotes aislados de una violencia terrorista que, derrotada, se alió al narcotráfico de la selva peruana. La esperanza y la frustración volverían a turnarse.

Pero ese día fue especial. Al menos para mí. Porque suspiré. Y en ese suspiro boté doce larguísimos años de bronca, impotencia, miedo y dolor. Era justo y necesario.

Y sí, al día siguiente, en medio del gris del cielo limeño marca registrada, más alegre que nunca, se animó a salir el sol. Y que curioso, ese día, también suspiraba y sonreía, como yo.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Quisiera ver cuando las luces se apagan


Me gustaría ver cuando muera
para saber que se siente estando muerto
y que sienten los demás entorno a mí.

Me gustaría ver cuando muera
para saber cuanto me amó la gente que me odió.
cuando me odió la gente que me amó.
cuanto hice sufrir al que nunca se quejó.
cuanto fingió el que siempre me aduló.
cuál de las mujeres que amé en silencio me amó,
cuál de mis amigos no lo era y me engañó.

Cuando yo ya no esté aquí,
cuando esté lejos de aquí,
cuando las luces se apaguen para mí.

Me gustaría ver cuando muera,
espiar en secreto mi velorio,
escuchar emocionado el Rosario,
asistir desde lo incierto a mi entierro,
para saber quien me cargó,
para saber quien las flores me dejó,
para saber si finalmente alguien selló el lugar de mi descanso.

Y también me gustaría ver los días siguientes,
para observar como la rutina mitiga el dolor,
y como lo cotidiano destroza mi recuerdo.

29.01.97
(Por ahora se cierra el archivo oscuro...pero todavía quedan escritos del pasado, que sin duda publicaré en el futuro...)

(Imagen: Autumn Song de Laurie Maitland)

lunes, 27 de agosto de 2007

Nombrarte y Soñarte


Lejos del mundanal ruido
en el silencio de la noche
hablo.
Y al pronunciar tu nombre
una estrella fugaz se descubre al horizonte.

La sola sensación de nombrarte
en el silencio de las sombras,
ilumina mis palabras
y es que hablar de tí
es lo mismo que iluminar mi camino.

Resulta mágico el pronunciarte
y más aún el repetirte.
Inocente forma de tenerte a mi lado
al dormir junto a mi almohada.
Preámbulo ingenuo del soñar contigo,
de despertar al empezar a dormir que es el soñarte.

Me duermo,
y entonces las palabras dan lugar al paraíso,
el infinito placer de encontrarme contigo,
la inocultable derrota de la soledad en sueños,
la indestructible relación entre tu y yo a plenitud.

Y en medio de una noche así,
el corazón y la mente se encuentran en la enorme paradoja,
de querer seguir viviendo sin despertar nunca más.

28.06.99
(Otro rescate del archivo oscuro... y como ya la musa está volviendo, supongo que la próxima entrada dejaré el archivo en paz por un rato... por ahora la musa vino deportiva...)

(Imagen: Blown Away de Steigman)

domingo, 26 de agosto de 2007

Sin Cura


The Cure es mi grupo musical de toda la vida (basta ver cual es el título del blog). Algún día le dedicaré una entrada a ese romance tan particular que se inició allá a finales de los ochenta. Hoy no. Y es que cuando por fin se dieron las circunstancias para verlos y me animé a comprar un pasaje, a usar internet para comprar un ticket y finalmente todo estaba listo para verlos en septiembre en USA y cumplir como se dice en Argentina 'el sueño del pibe', ¡plaf!... los chicos que no lloran decidieron posponer su gira hasta el otro año.

Debo estar volviéndome viejo porque me lo tomé con demasiada naturalidad. Me dije 'Bueno...si no es no es...sin duda alguna ese viaje en ese momento no me convenía, Dios sabe lo que hace'. Y ya. No more drama. Bueno, también que cuando se tiene en la piel todavía la herida grandísima de episodios como el terremoto, uno tiene bastante claro que hay que darle a las cosas su justa dimensión.

Sí, es cierto, resulta que los muchachos darán tres conciertos en México en octubre, pero ¿la verdad? uno nunca sabe y en una de esas.... bah, si me preguntan hoy creo que dejaré el tema ahí... tal parece que como dice una de las canciones de Robert y compañía, el poder verlos en vivo, en mi caso es como 'to wish impossible things...and all I wish is gone away'.

( foto disponible en www.thecure.com )

miércoles, 22 de agosto de 2007

Entre el dolor y la tristeza surge la esperanza de la solidaridad


Mi musa inspiradora –si es que acaso tengo alguna-, parece estar todavía sepultada entre los escombros en algún lugar de Pisco, y si ya salió, espero sinceramente que su ausencia se deba a que está dando una mano ayudando a los damnificados por la tragedia que golpea al pueblo peruano, a mi pueblo. Pero aún sin ella, es hora de levantarse y de seguir porque como dice la remanida frase, la vida continúa, y en mi caso además, Dios me regaló el tener a mi familia y amigos ilesos así que ya estuvo bueno de persistir en una onda caracúlica que no me ayuda en nada a salir de ese sentimiento de enfermedad y opresión en el que ando oscilando desde el miércoles pasado y en el que tropiezo con cada noticia de réplicas -que por estos días se dejan percibir cuando menos con regularidad de una o dos diarias-.

Así que, disculpando la poca creatividad que pueda haber por estos días, no puedo seguir haciendo silencio respecto de las innumerables muestras de solidaridad que he recibido desde el referido miércoles 15, con motivo del terrible terremoto que ese día removió también hasta lo más profundo de mis entrañas.
Desde el primero momento se sucedieron las llamadas, los mails, los encuentros personales en donde la primera pregunta era indagar por mi familia. Amigos de aquellos que valen oro, compañeros de trabajo, gente de la Parroquia, gente que he conocido en el ejercicio de mi carrera profesional, mis siempre fieles amigos argentinos e inclusive solidarios 'bloggers' a quienes apenas estoy conociendo en este mundo tan nuevo y cuasi desconocido para mí que es el de las bitácoras virtuales. Todos ellos y muchos más me han desbordado de muestras de aprecio y solidaridad, de un modo tal que realmente me han confortado -y muchísimo- en medio de toda esta situación.

Un párrafo aparte se lo merece la gente dominicana. Me es difícil encontrar las palabras –recuérdese que la musa inspiradora está ausente-, para poder describir la forma en la que los dominicanos me han mostrado su solidaridad. No sé si mi familia y mis amigos lleguen a saberlo, pero de verdad, la cantidad de gente preocupada por ellos y que ora por ellos es inmensa. Y cuando les informé a los que pude que la embajada peruana está recibiendo donaciones, ahí mismo, muchos de ellos salieron a donar ropa, víveres y otros menesteres, o a hacer depósitos en las cuentas que se han abierto en el Scotia Bank -el comercial esta vez vale por el gesto de tener disponible la cuenta- de forma desinteresada y sincera. No han sido sólo mis amigos, compañeros o conocidos. Gente de la oficina con la que no he tratado o que nos hemos visto apenas alguna vez quizás en una reunión o en la cafetería, se ha acercado a preguntar por mi familia y a mostrarme su pesar por la tragedia. En la Parroquia, la gente además ha puesto en oración a la gente del Perú y en la misa del domingo, se hizo un emotivo pedido por las víctimas y damnificados del sismo. En resumen y a riesgo de ser mezquino en el recuento, las muestras de solidaridad se han seguido sucediendo sin parar.


De verdad, son muchas las cosas que me gustan de este país que me ha acogido tan generosamente. Ciertamente, también son varias las cosas que entiendo pueden y deben –en algún momento- mejorarse. Pero de lo que no me cabe duda –y esta experiencia me lo viene demostrando por si hiciera falta- es que el dominicano tiene un enorme corazón pródigo en solidaridad. Hoy quiero reconocer ello, con mi sincero agradecimiento a mis hermanos dominicanos, confiando a su vez que esa disposición en favor del prójimo se haga práctica común y sea una realidad más cotidiana también con la gente que sufre y pasa necesidad en esta hermosa isla, sin necesidad que haya tragedia alguna de por medio para que aflore dicha solidaridad. De hecho, creo que ésta última reflexión aplica para todos nosotros en cada uno de nuestros países, en donde hay muchísimas cosas en las que podemos –y debemos- ayudar. Basta ver cómo los peruanos mismos nos hemos desbordado en mil y un formas de colaboración con nuestros hermanos del sur chico... ¡si siempre actuáramos con ese desprendimiento y generosidad!... Nunca es tarde....quizás acaso esta tragedia sea un punto de partida...ojalá...ojalá.

Después de cada noche amanece. Es momento pues de levantarse para ver el sol en el horizonte y vivir el nuevo día que el Creador nos regala. Ahí vamos. Fuerza mi querido Perú.

Y a todos los que han mostrado su solidaridad, de corazón...Gracias.

(Foto de Reuters obtenida en www.yahoo.com)